Caracas, 9 dic (EFE).- El cáncer del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, puso patas arriba el escenario político venezolano introduciendo un factor inesperado en el debate sobre el presente y el futuro del país a un año para las elecciones presidenciales.

Foto: REUTERS/ Palacio de Miraflores/ Archivo

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El 30 de junio Hugo Chávez apareció en conexión de televisión y radio en todo el país para anunciar que días antes se le había extraído un tumor canceroso de la región pélvica, en un mensaje transmitido desde Cuba en el que por momentos se emocionó y en el que nunca se salió del texto que tenía entre las manos.

La noticia cayó como una bomba en su país, donde se especulaba y se litigaba sobre la permanencia de Chávez en Cuba, tras un primer anuncio hecho por el canciller, Nicolás Maduro, de que al presidente venezolano se le había operado de un absceso pélvico en la isla al término de una gira que le había llevado antes por Brasil y Ecuador.

La enfermedad de Chávez ha convulsionado la realidad del país entre rumores sobre su gravedad y la recuperación de la que hace gala el presidente tras someterse a cuatro ciclos de quimioterapia.

Desde el aspecto físico de Chávez, que perdió el cabello y se hinchó por el tratamiento, hasta las consignas de batalla como el “patria, socialista o muerte”, que vieron tachadas las menciones a la luctuosa fatalidad del fin de la vida para dejarlo en “patria socialista, viviremos y venceremos”, muchas cosas han cambiado este año en Venezuela.

Las manifestaciones de apoyo se han repetido dentro y fuera del país. Chamanes, obispos católicos y sacerdotes evangélicos rezaban por él en actos religiosos y políticos, mientras el protagonismo absoluto de Chávez se acentuaba hasta alcanzar un “hiperpersonalismo” como cabeza del Gobierno.

El cáncer catalizó además la popularidad del mandatario, que venía creciendo en los índices de aprobación y terminó tocando en octubre el techo del 61% de apoyo, pese a que gran parte de esos encuestados no estaban de acuerdo con la gestión de Gobierno.

Internacionalmente, las manifestaciones de apoyo al presidente se repitieron a lo largo de todo el continente y más allá de América, aunque no faltaron voces como la del ex secretario de Estado Adjunto de Estados Unidos Roger Noriega que aseguraron que Chávez se encuentra en fase terminal.

El presidente venezolano ha respondido a esas versiones corriendo junto a cadetes en la academia militar o jugando al béisbol al día siguiente de que un diario estadounidense afirmara que se encontraba grave e internado en un hospital.

El mal de Chávez ha condicionado incluso la agenda internacional de la región obligando a aplazar el nacimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), cuya cumbre fundacional estaba prevista para julio y terminó realizándose en los primeros días de diciembre en Caracas.

Así las cosas a la oposición le ha quedado un escenario imprevisto que trata de superar con un discurso en el que trabaja a medida que se prepara para las elecciones primarias internas.

Los partidos de la oposición acordaron elegir un candidato que aúne a todas las voces antichavistas para pugnar con el presidente en los comicios presidenciales del 7 de octubre de 2012.

Seis políticos, con los gobernadores del estado oriental del Zulia, Pablo Pérez, y de Miranda (que abarca parte de Caracas), Henrique Capriles, a la cabeza, aspiran a convertirse en la voz de unidad de la oposición.

La enfermedad de Chávez oscureció el resto de temas en el país en un año que vivió un agravamiento de la crisis penitenciaria con el motín en el complejo carcelario de El Rodeo, donde un millar de presos plantaron cara a un cerco de cinco mil efectivos de la Guardia Nacional (policía militarizada) durante casi un mes.

El episodio se saldó con un balance oficial de una decena de muertos, pero dejó en entredicho el sistema carcelario y al descubierto la falta de control en las prisiones.

José Luis Paniagua

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