La lactancia materna

5 septiembre, 2011

La lactancia materna

Tanto si se opta por la lactancia materna como por el biberón, la alimentación desempeña una función primordial en el desarrollo del bebé. Además, alimentarse le proporciona un placer que asocia a la madre.

Para los padres, alimentar correctamente a su hijo constituye una preocupación primordial, que va acompañada de una atención especial a los diversos problemas que el niño sufre muchas veces en los primeros meses de vida. En este momento, el crecimiento del bebé es extraordinariamente rápido, pero sus funciones digestivas no le permiten absorber cualquier tipo de alimentos y, como no dispone de reservas, la alimentación debe aportarle todas las sustancias necesarias. La composición de la lecha materna, que hoy en día se conoce mucho mejor, ha permitido concretar cuáles son las necesidades alimentarias del lactante y elaborar leches sustitutivas adaptadas.
La dieta del lactante está formada por las proteínas, los lípidos, los glúcidos, el agua, el hierro, el calcio, el magnesio, el sodio y las vitaminas que contiene la leche. En ocasiones se recetan vitamina D, hierro y flúor adicionales. Comer no es simplemente una necesidad vital para el niño, también se trata de un placer. Las sensaciones se amontonan en esta actividad dominada por los olores, los sabores, los descubrimientos, los progresos y el juego. De ahí que sea interesante ir introduciendo progresivamente verduras y otros alimentos en la dieta.

La lactancia materna

Las escasas gotas de líquido amarillo, espeso y almibarado que el bebé ha tomado
desde su nacimiento, antes de la subida de la leche, constituyen el calostro, una sustancia muy rica en inmunoglobulinas, es decir, anticuerpos. Aunque el bebé no haya podido mamar desde el nacimiento, la subida de la leche después del parto se produce de forma inevitable. Hacia el tercer día, las secreciones de los senos aumentan y su composición se modifica: el calostro deja paso a la leche, más clara y más rica en lactosa y materias grasas. Al décimo día, es clara y tiene un sabor dulzón. Además, al mamar, el bebé favorece la vuelta a la normalidad del útero de la madre, ya que existe una estrecha relación entre las glándulas mamarias y este órgano. La lactancia no deteriora los pechos, pero es importante utilizar sujetadores de buena calidad y realizar ejercicios que sirvan para recuperar, después del destete, el pecho que se tenía antes del embarazo.

La leche materna

La leche materna se adapta perfectamente al bebé, que la digiere muy bien. Su organismo asimila fácilmente el hierro que contiene. Siempre se encuentra a la temperatura ideal, sale barata y no precisa ninguna preparación. Asimismo, es aséptica, aporta al niño anticuerpos contra numerosas infecciones y reduce de forma considerable el riesgo de diarrea, otitis, rinofaringitis, etc. Son muy poco frecuentes las alergias y las intolerancias. La leche se adapta a las necesidades del niño durante cada toma y también a lo largo de toda la lactancia. Esta leche, clara, rica en agua y en lactosa al principio de la toma, se espesa luego, y la cantidad de materias grasas que contiene se multiplica por cuatro; ésa es la razón por la que, al principio del período de lactancia, es preferible dar primero un pecho y luego el otro, si el lactante no sacia su apetito o si la madre no dispone de demasiada leche. La composición de la leche es distinta para cada mujer y también cambia de un día para otro e, incluso, a lo largo de un mismo día; así, el contenido en materias grasas aumenta entre las 6 h y las 10 h de la mañana y es mayor durante el día que por la noche.

Las tomas

Es aconsejable que la madre descanse un cuarto de hora antes de la toma; se puede instalar cómodamente en un lugar tranquilo para que el bebé se sienta seguro. Puede sentarse en la cama, con la espalda recta y el brazo que sostiene al niño afianzado por unos cojines; o bien en una silla baja, con la espalda apoyada en el respaldo, los pies sobre un taburete y el bebé en las rodillas, sobre un cojín, si es necesario. Para que el bebé deje de mamar, se le debe abrir la boca bajándole con cuidado el mentón o pasándole un dedo por la comisura de los labios. No se tiene que notar ningún tipo de molestia mientras mama; en caso contrario, debe iniciarse otra vez la puesta al pecho.
Después de la toma, debe mantenerse erguido al niño para que eructe. Es posible que, al hacerlo, regurgite un poco de leche, lo que no es motivo de alarma. Si se le cambia después, debe procurarse no moverlo demasiado.

¿Cuántas tomas? ¿Durante cuánto tiempo? ¿A qué hora?

Todavía en el hospital, el primer día después del parto, el niño mama cinco minutos de cada pecho y a partir del segundo día diez minutos. Al principio, el bebé establece el número de tomas, y lo mejor es darle el pecho cuando lo pida. Mientras la secreción de leche no se haya asentado (son precisos quince días para que se haga regular), es conveniente dar los dos pechos. Hasta que el bebé no haya vaciado el primero, no debería pasarse al segundo. Cuando tenga bastante con uno solo, se le ofrecerá el segundo pecho en la siguiente toma. El niño ha saciado su apetito cuando se duerme plácidamente. El pecho ya no está tenso (un pecho se vacía en unos diez a veinte minutos). Poco después, los horarios de las tomas se volverán más regulares. Pueden espaciarse entre dos o tres horas. La frecuencia es distinta según el niño (de cuatro a ocho tomas al día). El apetito del bebé puede variar de un día para otro y también de una toma a otra. Eso es perfectamente normal: el niño come lo que necesita y no hay motivo para preocuparse por las «raciones». No es necesario pesarlo antes y después de cada toma; basta con hacerlo una vez a la semana, por ejemplo, siempre en las mismas condiciones, a fin de controlar el crecimiento.

¿Cuándo y cómo destetar al bebé?

El destete consiste en suprimir la lactancia materna de forma progresiva para sustituirla por un tipo de alimentación a base de leche adaptada con biberón antes de los 3 meses. Pasados 3 o 4 meses, puede introducirse en la dieta, además de la leche, una alimentación variada (véase p. 184). El destete implica también una separación afectiva, que a veces resulta difícil, tanto para la madre como para el bebé. Además, éste deberá habituarse al contacto con la tetina y al gusto de la leche artificial. Puede ser la ocasión ideal para que el padre, que podrá dar el biberón, establezca unos lazos excepcionales con el niño. Es importante elegir un período en que el niño goce de buena salud ya que, en caso contrario, al estar más frágil, se adaptará con mayores dificultades a la nueva alimentación. El biberón debe sustituir poco a poco a la leche materna para evitar un destete traumático. Rodear al niño de cuidados afectuosos, contribuirá a superar este delicado cambio. La decisión del momento del destete corresponde solamente a la madre, según su disponibilidad. El pediatra podrá informarla de los pasos que deben seguirse, indicará una leche adaptada al bebé y, si es necesario, recetará a la madre un tratamiento para reducir la secreción de leche; también es importante que ésta ingiera una menor cantidad de líquidos. Si la madre vuelve al trabajo a los dos o tres meses, deberá iniciarse el destete a partir de la decimosexta a decimoctava semana. Para que el cambio no sea brusco, conviene mantener todo el tiempo posible la toma de la mañana (cuando las mamas están llenas) y de la noche (es necesario vaciar las mamas por la noche), los momentos privilegiados para el niño.
Si la madre ya no tiene leche o si debe volver a la actividad profesional, fuera del hogar, lo mejor es sustituir todos los días una toma diurna por un biberón, o bien complementar las tomas con biberones de leche adaptada de iniciación (leche 1) o de
continuación (leche 2), según la edad del niño. El agujero de la tetina no debe ser demasiado grande, a fin de que la leche salga despacio y el bebé pueda satisfacer su necesidad de mamar.
Si se dispone de todo el tiempo, puede reemplazarse una toma por un biberón una vez cada dos días, preferiblemente de día. Es aconsejable que la madre ingiera menos líquidos para reducir la secreción de leche. Cuando se haya finalizado totalmente la lactancia materna, es aconsejable ducharse los pechos con agua fría y realizar algunos ejercicios para que recobren el tono y la firmeza (véase p. 164).

Comer y dormir

Al principio, el bebé duerme pocas veces más de tres horas seguidas. Y, cuando se despierta, tiene hambre, tanto de día como de noche; hasta que no tiene entre 1 y 4 meses no distingue entre el día y la noche (véase p. 194). Es aconsejable dejar pasar un mínimo de dos horas entre las tomas para que tenga tiempo de digerir la leche anterior y volver a tener hambre. Se aumentará la ración del final de la tarde y se irá reduciendo poco a poco la de la noche (un bebé de 5 kg a 6 kg dispone de reservas suficientes para permanecer entre 6 y 7 horas sin alimentarse). El número de tomas es de seis a ocho cada 24 horas durante el primer mes. Luego, se reducirán a cinco y después a cuatro: muchas veces, a partir de los 3 meses el niño reduce espontáneamente las comidas a cuatro. A los 4 meses, el bebé puede dormir toda una noche seguida y comer a las mismas horas que sus padres.

La posición correcta

Mantenga al niño más bien incorporado y sujétele la cabeza con la mano, con todo su cuerpo girado hacia usted. Lo esencial es colocar la cara del niño a la altura del seno, con la boca cerca del pezón, y en una postura que sea cómoda para usted. De forma instintiva, el niño buscará el pecho, pero no hay que dudar en ayudarlo si tiene dificultades. Puede presionarse el seno para facilitar la salida de leche.
Instalar bien al bebé. El bebé debe abarcar con la boca el pezón y casi toda la areola.
Hay que asegurarse de que respira por la nariz mientras mama.

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